Maros y Lucía son dos viejos amigos míos. A Marcos ya le hice su álbum cuando era más pequeño, pero ahora sus padres querían uno de los dos.
Estos hermanitos son dos críos muy felices que conozco de mi barrio a los veo casi a diario. Sus abuelos maternos viven en mi portal y hasta hace unos días, que por fin se han jubilado, regentaban un bar justo debajo de su casa.
La madre los lleva cada día a casa de sus abuelos y no es extraño escuchar los saludos, el juego con el abuelo y los gritos de alegría desde mi casa (y seguramente en toda la calle).
Los críos llevan la alegría en el alma y en la cara allá por donde van, reflejo sin duda del buen rollo familiar.
Les doy las gracias a los padres por seguir confiando en nosotros.
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