Cuando me dispongo a fotografiar a un crío entro en mi menú de ajustes preestablecidos y me pulso la opción “niños”, en la que la seriedad, la prisa, el desánimo y el sentido del ridículo están desactivados y la paciencia seleccionada al máximo. Programados así, y dispuestos a jugar, cantar, pintar y lo que haga falta, hacemos las sesiones de bebés y de niños.
Empezamos despacito, con la colaboración de un ayudante y los padres, sin agobios, sin obligar a nada, con mucho tacto y con una gran sonrisa. Cada crío es un reto porque, eso sí, mandan ellos; ellos imponen el ritmo y dejan que les hagas fotos hasta que ellos decidan. Colaboran mientras encuentren divertido lo que están haciendo y tú has de ir dosificando recursos que lo mantengan entretenido mientras vas haciendo fotos.
Aunque al principio les puede costar soltarse ya se sabe que cuando los niños cogen confianza lo que no puedes es contenerlos. Algunos padres que al principio lo veían complicado acaban diciendo: “no le hagas más fotos que verás tú luego para seleccionarlas”.