A las cuatro y media, un sábado de julio, con la fresquita, nos recibió en casa de Ana un labrador con pajarita, que me recordó a un mayordomo de no sé qué película de dibujos animados. El carácter bonachón y tranquilo del perro era reflejo del ambiente que se respiraba en la casa, y su pajarita al cuello coherente con el buen humor de los dueños.
Ana, puntual, nos esperaba luciendo su vestido, dispuesta a disfrutar de la sesión.
Así da gusto. – pensé.
La boda se celebró en San Justo y Pastor, en la plaza de la Universidad, junto a la Facultad de derecho y el Jardín Botánico. La plaza es muy espaciosa y por la tarde está en sombra, lo que hace que la recepción de los invitados, la llegada de la novia y la salida de los novios sea mucho más agradable que en otras iglesias del centro.
De la ceremonia recuerdo las palabras que dirigió Manolo a los invitados y especialmente a sus suegros, a los que les agradeció emotivamente el cariñoso trato recibido desde que los conoció. Lo dicho... muy buen rollo.
Os deseo lo mejor.
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